lunes, 29 de mayo de 2017

Seda, de Alessandro Baricco. O la inexplicable y extraña suavidad de la vida



Ficha
Título: Seda
Autor: Alessandro Baricco
Editorial: Anagrama
Lengua: castellana
Traducción: Xavier González Rovira y Carlos Gumpert

Sinopsis (palabras del propio Alessandro Baricco)
“Ésta no es una novela. Ni siquiera es un cuento. Ésta es una historia. Empieza con un hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento. El hombre se llama Hervé Joncour. El lago, no se sabe.
Se podría decir que es una historia de amor. Pero si solamente fuera eso, no habría valido la pena contarla. En ella están entremezclados deseos, y dolores, que se sabe muy bien lo que son, pero que no tienen un nombre exacto que los designe. Y, en todo caso, ese nombre no es amor. (Esto es algo muy antiguo. Cuando no se tiene un nombre para decir las cosas, entonces se utilizan historias. Así funciona. Desde hace siglos).
Todas las historias tienen una música propia. Esta tiene una música blanca. Es importante decirlo porque la música blanca es una música extraña, a veces te desconcierta: se ejecuta suavemente y se baila lentamente. Cuando la ejecutan bien es como oír el silencio y a los que la bailan estupendamente se les mira y parecen inmóviles. La música blanca es algo rematadamente difícil.
No hay mucho más que añadir. Quizá lo mejor sea aclarar que se trata de una historia decimonónica: lo justo para que nadie se espere aviones, lavadoras o psicoanalistas. No los hay. Quizá en otra ocasión”.

Opinión personal
Demasiado tiempo sin levantar la persiana, y tengo muchas reseñas pendientes de mis lecturas del pasado año 2016. Una de ellas es Seda, de Alessandro Baricco, una obrita de la que había leído opiniones muy extremas. Desde gente que la encumbre hacia el Olimpo literario —la crítica de Vargas Llosa fue entusiasta— hasta gente que dice que es una aberración. Leyendo críticas me dio la impresión que no había término medio. Pues bien, parece ser que el término medio lo tendré que defender yo, ya que ni me ha parecido una obra brillante ni tampoco algo indigno de leer. La he disfrutado mientras la iba leyendo, pero no la volvería a releer. Y toca abrir la Posada del lector para explicarme.

Como bien habrán leído en la sinopsis anterior, que recoge las palabras de Baricco, parece ser que estamos ante una novela distinta —y lo de novela, como ya ven, es un decir según el propio autor —. ¿Cómo es entonces Seda? Baricco juega todo el rato con la indefinición y espera que juzguen ustedes lo que se van a encontrar. ¿Y que me he encontrado yo?
Pues que se puede llamar novela corta o cuento largo, pero se llame como se llame, lo que hay objetivamente es una obra corta, de sesenta y cinco capítulos breves, de dos a tres páginas de media, y algunos incluso de tan sólo unas pocas líneas. Y hay algo que no me parece baladí señalar: la escritura en los capítulos se inicia casi a media página, con un gran margen blanco en la parte superior, algo más propio de los libros de poesía que de los de narrativa. Pero en el caso de Seda creo que tiene mucho sentido por su cadencia poética, por esa música de la que habla Baricco. En ocasiones he tenido la sensación de leer un haiku puesto en prosa, por las frases cortas, descriptivas, cortantes, y sugerentes. Alessandro Baricco hace todo un ejercicio estilístico, pretendiendo crear una atmósfera emocional, una sensación melancólica y hasta onírica. Incluso el título, Seda, parece una metáfora de la ligereza y suavidad que encontraremos en su interior. Sin recargarnos de información hasta el punto de que argumentalmente habrá cosas que no se explicarán y seremos nosotros, los lectores, quienes tendremos que rellenar algunos huecos. Pero no es que el argumento esté descuidado, sino que está supeditado a esta intencionalidad sensitivo-poética. Por eso leer Seda es leer descripciones con una cadencia pausada y musical. Descripciones que incluso en ocasiones llegan a repetirse palabra por palabra a lo largo de las páginas. ¿Y quién nos describe así en esta novelita? Pues un narrador en tercera persona y omnisciente. Omnisciente dentro de lo posible, claro, que ya les he dicho que hay mucha información omitida.

Alessandro Baricco
Pero a todo esto, les he estado hablando de cómo está contada la historia pero no de qué historia se trata: estamos en el siglo XIX, en un pueblo francés llamado Lavilledieu y en el que habita nuestro  protagonista, Hérvé Joncour, el cual se encarga de la industria local de la seda y está felizmente casado con su esposa Hélèn. Pero debido a una enfermedad que sufren los huevos de los gusanos de seda, hay que buscar una solución alternativa para salvar el negocio. Y la solución consistirá en viajar a otro país para comprar huevos sanos, concretamente a Japón. Gracias a estos constantes viajes el negocio seguirá siendo próspero y Hérvé Joncour irá aumentando su riqueza, pero no serán en realidad motivos de negocios los que le harán volver una y otra vez al país del sol naciente. Será una obsesión amorosa con una misteriosa chica, que no posee rasgos asiáticos y que pertenece a Hara Kei, que es algo así como el gobernador de la región. Y hasta aquí pueden leer, no les diré nada de cómo termina esta historia, o mejor dicho: no les diré nada de lo que yo interpreto que sucede en esta historia, para no spoilearles ni condicionarles en la lectura. Porque con tantos silencios y sutilezas Baricco da juego a que sea el lector quien extraiga ciertas cosas del desarrollo argumental.

Además de esta forma poética y argumentalmente algo difusa en Seda, creo que hay otra característica fundamental en la obra: el tono fabulístico. Mientras leía Seda, tenía la sensación de leer un cuento, y digo cuento y no cuento infantil, debido al trasfondo existencial y al erotismo presente. El caso es que este tono de cuento lo consigue Baricco usando tres elementos: el exotismo de una tierra lejana, el tratamiento de los personajes y, por último, la astucia y la riqueza como subtema.
En el primer caso, Japón es presentado como un territorio exótico para los ojos y las vivencias del protagonista occidental. Japón incluso se define como el destino al que se llega “siempre recto. Hasta el fin del mundo”. Por este exotismo se difumina el realismo y se aumenta la sensación de misterio, quedando ese aire de cuento del que les hablo. ¿Y qué pasa con la Francia occidental y la época en la que se inserta la historia? Pues que se nos presenta con una pincelada ultra breve, como un decorado y sin entrar en disquisiciones sociales. Es tan sólo un telón de fondo. Y así nos lo muestra Baricco en el primer capítulo de la historia:
Era 1861. Flaubert estaba escribiendo Salammbô, la luz eléctrica era todavía una hipótesis y Abraham Lincoln, al otro lado del océano, estaba combatiendo en una guerra cuyo final no vería.
Hervé Joncour tenía treinta y dos años.Compraba y vendía.Gusanos de seda.

De la misma manera que tampoco encontrarán una disertación sobre los viajes de los comerciantes del siglo XIX y del cultivo de la seda. Es algo que está ahí, fundamental para contextualizar la novela, pero sin que el foco de la novela recaiga en ello.
Eso en cuanto al marco exótico y social, vayamos ahora a los personajes. Ya podrán imaginar que no es una novelita que muestre gran introspección psicológica, e incluso los personajes tienen un aire plano, sin evolución. Y hasta arquetípicos, como es el caso de Baldibiou que representa la sabiduría y es como una especie de mentor de Hérvé Joncour. O como Hara Kei, representante del poder. Y después tenemos a las dos mujeres, los dos amores del protagonista. A priori pueden parecer ambos personajes muy pasivos, y hasta desdibujados, pero tengan paciencia al empezar la lectura, que hay muchas sutilezas y giros al final de la obra. Y por supuesto, tenemos a Hérvé Joncour, nuestro protagonista. El único personaje que sí evoluciona, pues la historia de Seda será la historia principal del protagonista y de su viaje exterior a Japón que implicará también un viaje interior en él. En un principio, se nos dirá que era “uno de esos hombres que prefieren asistir a su propia vida y consideran improcedente cualquier aspiración a vivirla”. Pero tomará iniciativa para verse inmerso en la persecución obsesiva de una pasión.
Y ya por último, está esa subtemática de riqueza y sabiduría. ¿No han escuchado jamás ninguna fábula de cómo alguien se enriquece gracias a su ingenio? Apostaría a que sí, pues se pusieron muy de moda hace unos años —hola, Jorge Bucay—. Y si no caen en qué tipo de fábulas me estoy refiriendo lean el capítulo seis de Seda, es el ejemplo perfecto de lo que les estoy hablando. Dicho capítulo gira en torno a la figura de Baldibiou y cómo se enriquece dándole una lección de sabiduría al alcalde del pueblo. Así es, ya les dije que Baldibiou era un personaje arquetípico. Se hace rico y no porque, paradójicamente, le mueva la avaricia, sino la sabiduría desinteresada. Pasa lo mismo con Hervé Joncour. Se hace inmensamente rico gracias al negocio y sin ser un hombre codicioso. Hervé Joncour será de hecho como un protector para el pueblo. En un momento dado de la novela, el negocio de la seda irá mal, ¿y qué hará Hervé Joncour? Mandará hacer, altruistamente, construcciones para que el pueblo tenga trabajo. Resaltando así las características positivas del buen ciudadano, o mejor dicho: del buen burgués benefactor en este caso. Porque en Seda no hay cabida a conflictos sociales ni luchas de clases por la sencilla razón de que no hay análisis social de ningún tipo.

Bueno, llegados a este punto, creo que ya sólo me queda mojarme. Decir en qué me ha gustado Seda y en qué me ha fallado. Empecemos por la parte positiva: Baricco sabe lo que hace. No deja cosas al azar. Y todo lo que no se dice explícitamente en Seda, esos huecos silenciosos, cumplen su función para crear misterios. Así como sus repeticiones, que parecen transmitir la desidia del paso de los días en Hervé Joncour. Los personajes, como les he contado, no están muy trazados descriptivamente y pecan de ser algo planos, pero tampoco están huecos, y nos hacemos una idea de cómo son a través de sus acciones y de ciertas sugerencias simbólicas. Los personajes, por lo tanto, son correctos para este tipo de lectura. En definitiva, todo lo que parece que falta en Seda no se atribuye a ningún descuido del autor. Todo está puesto adrede para así conseguir el efecto deseado. Seda se ha traducido a muchos idiomas y ha vendido bien, algo que siempre provoca un aumento paulatino de críticas negativas, puesto que hay obras peores que han vendido menos y no provocan semejante rechazo. Además hubo adaptación cinematográfica por parte del director francés François Girad, en el año 2007, pero como no la he visto no les puedo decir nada.


¿Qué me ha fallado? Pues que aunque la jugada no le sale mal a Baricco, está lejos de ser una obra maestra. La sinfonía está bien ejecutada, pero no es una excelente sinfonía. Ni siquiera una sinfonía notable. En cuanto a la originalidad, lo más destacado es esta prosa de Baricco… que no está mal, pero no me resulta mejor que leer un buen libro de haikus. Y como he comentado, Seda es como un cuento adulto, pero aún así ese exotismo me parece propio de una lectura infantilizada. Algo que rara vez no acartona. El triángulo amoroso tampoco me ha resultado llamativo ni su típica división entre un amor acomodado y hogareño y un amor pasional y prohibido. Ya ven, Seda es una lectura que no está mal, una lectura bonita, pero que no me llega a entusiasmar. Aunque para acabar, me gustaría despedirme con el mejor sabor de boca que me ha dejado la novela: por reseñas leídas en la red, se defiende mucho la idea de que el tema principal de Seda es el triángulo amoroso. Pero para mí, el tema central ha sido la extrañeza de la vida. Como si fuera una película que pasa ante nuestros ojos, y no siempre sabemos qué hacer ni qué decisión tomar. Y que tomemos la decisión que tomemos, somos más espectadores que actores. En un principio Hervé era un personaje pasivo, hasta que se deje llevar, persigue una pasión y toma decisiones. Pero aún así, la vida sigue siendo extraña, tan extraña que de qué manera protagonizar lo que no se entiende. Sencillamente no se puede. Y sólo nos queda el papel de espectador. Es la idea de Seda que más me ha llegado y con la que me quedo. Y sí, ha logrado dejarme un poso melancólico y de vacío de esta manera:
De vez en cuando, en los días de viento, bajaba hasta el lago, y pasaba horas mirándolo, puesto que, dibujado en el agua, le parecía ver el inexplicable espectáculo, leve, que había sido su vida.

Valoración: Bien

Te gustará si te gusta la poesía japonesa, los cuentos antiguos, la escritura minimalista.

8 comentarios:

  1. Me dejó indiferente esta novela. Me gustó su estilo, su forma de contar, pero la historia... Creo que no terminé de pillarle el punto. O más bien me costó entenderla.
    Besotes!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No es una novela que recomiende a ciegas por eso. Ya digo que no es un desastre pero tampoco una gran obra.
      Gracias por tu comentario :)
      ¡Un abrazo!

      Eliminar
  2. He escuchado yo también críticas de todo tipo, pero sinceramente la mayoría me han echado para atrás. Veo que tu punto de vista es más neutral, cosa que se agradece por mostrar lo bueno y lo malo.
    Algún día la leeré y veré en qué lado me quedo yo.
    Muy buena reseña.
    Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, he expresado sinceramente lo que me ha parecido :) Una obra que no está mal pero no pasará a la historia.
      Me alegro de que te haya gustado, gracias por tus palabras.
      ¡Un abrazo!

      Eliminar
  3. La sinopsis contada por el propio autor me ha encantado y tu reseña no ha hecho más que incrementar mi curiosidad por este libro (bueno, reconozco que la mención de Jorge Bucay me ha cortado un poco el rollo). A mí también me pasa, con libros muy aclamados, que los leo y me quedo con la sensación de: vale, está bien pero tampoco es para tanto. Así que si me animo a leerlo ya voy sobre aviso.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si lo lees, ojalá te guste más que a mí. Que como digo, no ha estado mal y me quedo con sus cosas positivas, pero tampoco lo reelería.
      ¡Un abrazo!

      Eliminar
  4. A mí en su momento recuerdo que me gustó de una manera extraña, porque disfruté mucho leyendo Seda, pero luego no supe decir por qué. Sin embargo, no me dan ganas de volver a leerla y no he querido ver la peli, porque me da la sensación de que me arruinaría el recuerdo. Así que nada.

    Como siempre, una reseña minuciosa :) Normal que se hagan esperar tanto.. :P

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Qué alegría comentario tuyo, Bettie! :D Y gracias por tus palabras finales :)
      Coincido contigo: me gustó mientras lo leía. Pero al cerrar el libro... no me quedaron ganas de releerlo, como si le faltara algo a la lectura para que me mereciera la pena volver a sumergirme en ella en un futuro. Y tampoco tengo muchas ganas de ir a ver la película.
      Gracias por comentar :)
      ¡Un abrazo!

      Eliminar

Sírvase un trago y comente. Pero eso sí, ni las copas de más justifican el spam.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...